No soy el único

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Posted by Nexus-6 on August 24, 19107 at 09:38:43:

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Ciudad sin fe

Ignacio Alvarado Álvarez
Es probable que el Secretario de Seguridad Pública haya sido víctima de un mensaje del crimen organizado, como él se encargó de informar en una conferencia de prensa la tarde del martes, y de reafirmar la versión en los noticiarios de esa misma noche. La probabilidad, sin embargo, es el punto que desata inquietudes.

Marco Antonio Torres Moreno dice que una docena de hombres armados y con el rostro cubierto, sometieron a parte de su escolta en el estacionamiento del restaurante donde comía junto con su familia, y ahí le dejaron la advertencia de no volverse a entrometer en asuntos que lesionan intereses. Al menos es lo que se deduce del mensaje que el funcionario se encargó de difundir a niveles inéditos.

Si realmente las cosas sucedieron como las cuenta, debe considerarse el cruce hacia un pasaje en extremo peligroso, pero aún así, lo más grave no es la amenaza, sino que pocos crean en ella, o que al menos la pongan en duda.

El secretario no terminaba con su postre cuando ordenó a su jefe de prensa convocar a los reporteros, porque a todos juntos les diría que nadie lo amedrenta de esa manera y que defenderá su encomienda como jefe policiaco contra viento y marea. Desde ese instante, se hizo de sospechas, y conductores de noticiaros, lectores, radioescuchas o televidentes, comentaristas y ciudadanos comunes en la calle, cuestionaron algunas inconsistencias de su relato.

El viernes previo, otro funcionario, Fernando Romero Magaña, era desafiado por un grupo de celadores de la penitenciaría local, que volvían a señalarle como a un corrupto. Era un dejá vu para el director del Cereso.

Al inicio de la administración, un amotinamiento similar nació para acusarlo de fomentar la extorsión en la Dirección de Tránsito Municipal, cuando él era su titular. En ambos casos recibió el apoyo del alcalde, pero Héctor Murguía carece de poder para cambiar el juicio que buena parte de los ciudadanos se ha formado. Y eso es algo todavía peor que el descrédito de ambos empleados a su cargo.

La mañana del miércoles, al día siguiente de la amenaza enviada a Torres Moreno, la oficina de comunicación social del municipio excusó al alcalde de un encuentro con periodistas que sostendría por la tarde, debido a que el gobernador –que estaría también presente- suspendió, ‘por causas de fuerza mayor’, su visita semanal a la ciudad. Quizás sea una coincidencia, pero en política, eso no existe.

Ya antes, José Reyes Baeza había cancelado una visita en la que daría por inauguradas las obras de la ‘Plaza del periodista’, y Murguía debió excusarse también aquella vez, cuando pretendía colocar la primera piedra, porque el gobernador le enviaba un mensaje sutil pero contundente: la figura central es él, y nadie más. Estaba reciente el escándalo por los pendones en Chihuahua, en los que el alcalde presumía la conclusión del centro cívico Paso del Norte como un logro suyo (promesa cumplida, dicen los spots), algo que consumó el Gobierno del Estado, debió recordarle el propio Baeza.

Lo que ocurre es realmente delicado. Marco Antonio Torres Moreno involucró al aparato de justicia estatal, al interponer una denuncia de hechos, pero ese mismo día, la procuradora estaba en la ciudad y no emitió comentario alguno. Su vocero en Juárez ha debido recurrir al lenguaje rebuscado para no descalificar la versión, y tampoco ratificarla.

La crisis de credibilidad ha cruzado el punto del No retorno. El alcalde no entiende todavía que su popularidad radica en la ignorancia política de la masa a la que él se encarga de entretener con sus desplantes y demagogias de político de hace tres décadas.


Las amenazas al secretario pueden ser verdaderas, y los custodios del Cereso posiblemente señalaron en medio de la ofuscación al ahora director administrativo como a un corrupto. El problema es que esa falta de credibilidad en los gobernantes es tan notable como el 73 por ciento de ciudadanos que decidieron No votar en julio pasado. La desconfianza debiera preocuparles, al alcalde y a su equipo, porque no hay condición más terrible que una ciudad sin fe.


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